Un serio bufón en la poesía chilena

por Eduardo Farías A.*

Ofico de Bufón (Xirok)Con Oficio de Bufón (2012) de Xirok (seudónimo de Javier Abarca Medel), Ajiaco Ediciones ha demostrado que construye el libro con madurez, tanto en su edición como en su diseño. El trabajo realizado por Dimacofi S.A. en la producción del libro, ayuda a la presentación final de este. En la parte central de la cubierta se disponen el gorro de un bufón, el título, el seudónimo y el logo editorial, todo en un color amarillo con leves manchas que se funden sobre un rojo oscuro. Así se construye una cubierta equilibrada y atrayente.

Xirok inicia este libro con la relación editor-autor: así a través de las palabras de Giorgio Manganelli dice: “Pero bueno, egregio editor, ¿no le he dicho que yo me siento en última instancia un bufón?” (p.7). Esta parte del epígrafe da cuenta del sentido del título: el hablante lírico es un bufón, “un hombre que juega” (p.7) con la lengua. Por otra parte, esta relación editor-autor está también en el contrato de edición que comienza en la página 9 del poemario. Sin embargo, este contrato tiene particularidades porque es la reescritura de la carta dirigida a Miguel de Cervantes por parte del rey que autoriza la publicación de Don Quijote de la Mancha, y porque es el rey quien también decide la publicación del libro de Xirok. Los editores de Ajiaco quedan relegados a un segundo lugar. En este contrato de edición, que se establece por 10 años, el rey católico puede ser Felipe III o Juan Carlos, el “Cazador de Elefantes y CALLADOR DE PRESIDENTES. Dueño Del Reyno de Chile, de gran parte del agua, la electricidad, los teléfonos, mineras etc., dueño de 1.300 empresas españolas instaladas en el país, y a la espera de duplicar estas cifras” (p.12).

La relación del rey con el bufón no se desarrolla en el resto del libro, sólo queda como una alusión literaria sin consecuencias poéticas y, desde mi perspectiva, se pierde como un tema que hubiese sido un acierto, ya que la relación de dependencia del bufón con el rey es pertinente, inevitable y fundamental: “Muerto el anfitrión, / muerto el espectáculo” (p.47).

El corpus poético cumple con el título que se le ha dado, pues encontramos la reflexión del hablante lírico acerca de su quehacer. Así, comienza: “No existe registro alguno de un bufón suicida en esta tragedia inventada / Es que amo la violencia limpia […]” (p.15) y el objetivo de su trabajo es “entretenerlos de buen propósito” (p.45). La tristeza tiñe las palabras del hablante lírico, quien canta “esta humorada ostentosa con un desatino lleno de / perfumes baratos y un laúd desafinado. / En este oficio abierto al reparo / se puede ver el llanto que guarda la imagen infeliz / de los jadeos soberbios.” (p.22)

Oficio de Bufón no ofrece risas. Desde una primera persona plural, el hablante dice: “Públicamente andamos con nuestra alegría disfrazados sin embargo / imitando lo que nos devasta. / Dedico mi voz a este peligro.” (pp.15-16). De esta forma, el bufón es solo máscara que imita la destrucción y entra en este camino construyendo sus poemas, que también son máscaras que esconden más de lo que muestran.

Este bufón, por una parte, se define como un homo sacer, feo y torpe, el peor de todos: un hombre que puede ser asesinado impunemente, ya que su muerte no tiene valor alguno. Por ello, su oficio se transforma en “un espejo frente a otro espejo” (p.27). Por otra parte, es un bufón cesante: “¡Que vuelvan los duques, los príncipes, / los palacios llenos de conspiraciones y ostentosas fiestas!” (p.30) Esta cita demuestra su posición política acerca de la subordinación económica y el desempleo que experimentan las personas a diario. Esta cesantía también permite que el hablante lírico defina, al final del poemario, al receptor como un lector común. Termina dirigiéndonos la pregunta: “¿Podéis pagar?” (p.47)

Oficio de Bufón, para terminar yo también, es un libro que funciona, que se sostiene en la lógica del soliloquio. Sin embargo, la oscuridad que alcanza su discurso provoca que el lector se pierda en el contenido de su reflexión, por lo que Oficio de Bufón no es un libro ameno. Sin embargo, la lectura de este oficio “tremendo / secular, desnudo e inocente / no es una faena inútil” (p.18).

Oficio de Bufón

Xirok

Ajiaco Ediciones, 2012

Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

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2 pensamientos en “Un serio bufón en la poesía chilena

  1. Hola Eduardo, soy el autor del libro que tratas de analizar, me sorprende enormemente tu falta de comprension de lectura, lo que habla muy mal de los titulos que ostentas. de muestra un boton, si el bufon pide una paga al final del libro, es solo para exijir carta blanca, ese es su paga, pero no creo que valga la pena replicarte mas,espero no vuelvas a comentar un texto mio, me da verguenza y pena por la UDP que este pruduciendo incompetentes como tu.
    Xirok

    • Eduardo Farías A. dice:

      Hay pataletas y está la tuya. Pero no te preocupes, no te descalificaré, pues tengo algo de respeto por el trabajo y por la persona. Además, tengo derecho a réplica.
      Primero, el hecho de que mi lectura de tu poemario no sea la tuya, es un hecho factual de la literatura. Si usted desea que todos interpreten a su manera, no escriba literatura. Hablar de mi falta de comprensión de lectura lo único que provoca es la evidencia de tu postura fascista que tienes de la literatura. Pero, bueno, los autores cuidan a su hijo. Al parecer hay que tener más altura de mira.
      Y comprendo el concepto de carta blanca, pero para mi lectura no era importante porque un bufón, o un humorista en nuestros tiempos modernos, siempre tiene carta blanca, salvo que sufra de una censura previa, lo cual ahí sí que sería interesante.
      Así que, sus palabras no me llegan y no tengo porque demostrarle que no soy un incompetente, pues hasta un incompetente tiene el derecho de hacer crítica, guste o no guste al autor.
      Segundo, y útlimo punto, usted cree que le voy a pedir permiso para comentar un texto suyo, acaso me va a amenazar, no sea iluso ni crea que voy a obedecer sus palabras.

      Atte. Eduardo Farías A.

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