Meditar en la forma del poema: “Oc”, de Juan Cristobal Romero

por Felipe Poblete R. *

Titulado Oc, publicado por Editorial Pfeiffer y enmarcado en la colección “Ineditus”, Juan Cristóbal Romero presenta su nuevo libro de poemas. Su cubierta está dominada por un bello e intenso color morado. Sí, morado, el violeta está más próximo al azul. En el corazón de la tapa se sitúa algo así como un mandala, del renacentista Durero. El título, desconcertante para nuestros días, hace referencia a una lengua romance, el occitano ―el “langue d’oc” ― que usaron los trovadores provenzales en el siglo XIII.

Negar la rigurosidad del oficio de este poeta constituye una empresa inútil, absurda, incluso tomando por azar cualquier poema del libro: el nivel es alto. A mi juicio, hay mayor altura e intensidad en “Algunos contemporáneos” y “Gaspar Quezada, Capitán de la Concepción, decapitado en el Cabo San Julián”. Pero es normal que las aguas posean distintas temperaturas y el río diferentes velocidades: poemas breves, otros extensos, además de diversas formas métricas. Romero es el articulador de una métrica cuadrada, autoritaria en el sentido noble: de ser un autor, de poseer autoridad en la materia que despliega. Hay recursos estructurales reiterados, que confieren a los textos continuidad y coherencia. Pero Romero es aún más versátil, ya que utiliza diferentes sistemas métricos y estrofas en las diferentes zonas del libro, estructurando invisibles capítulos, pues no están en el llamado Índex (algo cursi, pero que se explica por el nombre de la colección).

El libro incluye un numeroso repertorio de personajes, los que parecieran coincidir en una misma voz, en un mismo tono. Personajes de la antigüedad clásica(1), pero también navegantes de la época de la conquista y poetas de los siglos XIX y XX, quienes son nombrados directamente en los títulos. A pesar de lo anterior, no podría decirse que el autor de verdad produce un idioma inédito; más que reformulaciones, están los cambios obligatorios para dar un título, como “Días de 2003 y 04” (p.28), o bien los del estilo “Diego Peralta, vigía de la Victoria, muerto por accidente en el Cabo San Julián” (p.37) o “Gonzalo de Alvarado, Capitán de la Armada del Obispo de Plasencia, inverna en la isla Picton” (p.44) que son, francamente, títulos que aportan muy poco al contenido, notable y altísimo, de los poemas. Los versos no se verían perjudicados con un cambio de título, más aún, los títulos citados, y unos cuantos más, podrían ser intercambiados entre sí sin afectar el contenido de los poemas. Títulos prescindibles que no se condicen con la máxima del propio autor, “reduce cada línea a lo puntual” (p.71).

Romero parece gozar exponiendo su propia poética: en varios puntos del libro se pueden apreciar concepciones sobre la poesía, el oficio de la escritura, la propia condición de poeta y sobre la de algunos coetáneos: “a ustedes me refiero, camarilla de insípidos” (p.55). También hay referencias a poetas más jóvenes, de “dicción / traposa de una década novísima” (p.9) a quienes se esfuerza por vilipendiar. En pocas palabras, Romero dispara contra las críticas que le han sido dirigidas y contra poetas a quienes evita llamar por sus nombres: “Un célebre cultor del verso libre / abusa del hipnótico gerundio / como si se tratara de un acierto, / aquel otro prescinde de las comas / sin haber comprendido bien sus reglas” (p.10), “su miserable nombre— me ha forzado / contra de mi estilo, a alzarme en armas”(p.56), “Un vidente irascible y amateur / insiste en corregir sus propios yerros: /mil líneas y ninguna de interés” (p.70)

A pesar de esto, este hábil poeta también conduce la escritura en la dirección del elogio. En algunos casos de manera velada, como en “De un lector de Thomas Hardy”, presumiblemente dedicado a Armando Roa Vial. Pero también lo hace directamente en “Algunos contemporáneos” hacia Miguel Naranjo, Julio Carrasco, Rafael Rubio y en especial al poeta Adán Méndez, su anterior editor: “quien le devolvió a la rima / la exactitud de la gota, / quien le puso dique al verso / cuando sin medida brota” (p.67).

El poeta manifiesta su condición de desfasado cuando dice “Diez años me tomó ponerme al día /luego de más de veinte de retrazo” (p.11). Sí, escrito con zeta. Los más despiadados le recordarán: “lo mismo vale el hacha que el cincel” (p.11), tal como dice unos versos más abajo. Romero es un experto en métrica, pero en ocasiones equivoca el sistema de relojería y la tarea, tan delicada como obsesiva, es para quienes nos gusta escandir. Pero ¿qué es una letra errada dentro de un libro ejemplar? Tal vez la respuesta sea la inversión de la siguiente imagen: “como un anillo en el estercolero” (p.71).

Apuran el ritmo un instante los poemas estructurados en estrofas, o en formas métricas más comprimidas, pues el libro inicia con un “Arte de marear”, largo y tejido en una sola estrofa formada únicamente por endecasílabos. La experticia de Romero es evidente, las opciones creativas que toma son las de los navegantes hábiles, como los que abundan en las aguas de este libro; el fino oído, el olfato, que están presentes en las páginas de este potente libro, cuya lectura se concreta “con un placer cercano a la tristeza” (p.34).

 

Oc

Juan Cristóbal Romero

Editorial Pfeiffer, 2012

 

Felipe Poblete Rivera (Viña del Mar, 1986) es poeta y Magíster en Historia del arte chileno. Co-organizó los recitales poéticos Con-texto, en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, durante los años 2008 y 2009. Ha sido becario de la Fundación Neruda en La Sebastiana (2009) y en La Chascona (2011). El mismo año participa como invitado en las III Jornadas de Poesía Latinoamericana en Bogotá. Ha escrito para diversas revistas, tanto impresas como digitales.

Notas:

(1)   Es pertinente recordar que Juan Cristóbal Romero es, además de poeta, traductor de Horacio.

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3 pensamientos en “Meditar en la forma del poema: “Oc”, de Juan Cristobal Romero

  1. Pedro Lira dice:

    Interesante lectura de Felipe Poblete. Destaco sobre todo una pregunta que abre esta crítica: ¿por qué esa obsesión de ciertos poetas en construir su doble, su sombra, su negativo? ¿no es lo mismo que caer en el ejercicio novísimo (esa arremetida contra los 90)? Pienso que hay un grupo de poetas (a los que no hay como cuestionar su calidad poética: Romero, Rubio, por ejemplo) que están anclados en una supuesta dualidad de la poesía. Deberían pegarse la cachada, digo no más, de que harto pasa fuera de ellos y de la novísima… harto y también importante.
    En fin, me parece una excelente crítica a un excelente libro.
    Saludos

    • Sartino Fausmiento dice:

      Pedro, el libro de Romero no se limita a recordarnos la debilidad de la autobombeada novísima. Hace un oblicua revisión del panorama de la poesía inmediata. La suya y también la anterior. Es lo que le tocó. Y a él le toca hacerse cargo de eso. Comparto tu impresión de los logros de la poesía más resiente. Aunque tempranos, auspician.

  2. James dice:

    Buen comentario y lectura, pero creo que hay una pérdida en tu penúltimo párrafo. Te detienes a destacar algo que consideras “una letra errada” y no lees en la construcción del poema el ejercicio del neologísmo en el “re-trazo”. Creo que la unidad completa del poema da a entender que esa que para ti es “errata” debe comprenderse como un “volver a trazar”.

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