El hermoso juego del dolor: Estética de la lluvia, de Raúl Hernández

por Eduardo Farías A.*

Si el lector espera de un libro algo de originalidad, Estética de la lluvia (Libros La Calabaza del Diablo, 2012) de Raúl Hernández no es el libro que debería leer, pues no ofrece nada nuevo. Sin embargo, su valor literario radica en la multiplicidad de lecturas que puede generar. Desde mi perspectiva, una de sus cuantías está en la continuación de la obra anterior, pero posicionado desde un lugar distinto. El arraigo físico y el desamor son temas relevantes en este poemario. Sin embargo, Estética de la lluvia es mucho más que una simple continuación.

El arraigo físico se entiende como la vinculación del hablante con un contexto espacio-temporal donde podemos encontrar personajes y lugares. El hablante de este poemario es un santiaguino que nos muestra una parte de la ciudad, su Santiago íntimo: el arraigo físico se transforma en el tema de la ciudad y aparecen, por ejemplo, la calle Mapocho, el Teatro Novedades, la Quinta Normal, sus habitantes y la forma particular de habitarla. El hablante vive sus calles y “en la esquina / los ferianos llevaban con fuerza sus carros de fierros al amanecer” (p.33). Sin duda que a través de todas las referencias a Santiago podemos cartografiar los límites de esta ciudad que ha sido poetizada.

Si en Paraderos Iniciales (Libros La Calabaza del Diablo, 2009) el hablante dice: “Esta noche quiero anular / el hermoso juego del desamor”, en Estética de la lluvia Raúl Hernández muestra este hermoso juego en toda su plenitud y con todas sus consecuencias: “Pasé la noche escuchando / el sonido que hacía el refrigerador. // Me había acostumbrado a escuchar tu respiro / en medio de la madrugada. […] Salí temprano a trabajar / tu ausencia para mi era algo insostenible.” (p.33)

En la mayoría de los poemas el hablante se dirige a un tú, por tanto el poema es un acto comunicativo con un receptor determinado: “Cuando anochece y te vas a dormir / y te acercas a la lluvia desde tu ventana / mirando pájaros curiosos / silbando a la luna.” (p.10) En este diálogo, de por sí incompleto, se encuentra un aspecto importante de la poética de Hernández y que extrema sus recursos cuando el hablante se dirige a una mujer ausente: “Siempre vuelves al barrio / y crees que esto es un sueño. […] Acá siempre soñamos con tu regreso / como en los viejos otoños. // En donde solías extraviarte / pero no para siempre.” (p.11) Así se construye y se justifica de manera verosímil la ausencia del otro, hecho literario que refuerza el tema del desamor.

Junto a imágenes poéticas provocadoras el dolor, que es un factor esencial del desamor y del cual el autor no abusa, ingresa en sus poemas, como en Rasguños donde un “árbol en la acera ha decidido rasguñar / tu rostro […] Sangras y dueles / a este árbol misterioso dueles.” (p.14)

El hablante muestra también una consciencia crítica acerca del desamor y asume el ejercicio libre de su deseo: “Caminando por la vereda / deseo saborear el rouge de tus besos / y cortar la soga del desamor.” (p.38) El deseo de la mujer y la afirmación del amor dan cuenta de un movimiento interior que se produce en el hablante y que lo obliga a llegar a ciertos extremos. Por ejemplo, hacer uso de las órdenes: “calla  no digas nada/ hace tiempo que te veo / por los bandejones / tomando cerveza. […] Vamos        hace frío / sé que estás aprendiendo / como nosotros.” (p. 9) Y “Dime si alguien te dijo que te ama / o si el sabor de la muerte / merodeó alguna vez tu destino.” (p.11) Sin duda, que el uso de este modo verbal junto a esta mujer extraviada evidencian la desesperación y la necesidad de obtener una respuesta por parte de ella.

Por último, como hecho extraliterario, la edición presenta, a mi juicio, un pequeño error en la diagramación del poema “Neblina”, ya que el interlineado de los versos disminuye y así una parte importante del diseño, que no se debería advertir en la lectura, aparece ante el ojo del lector (1). Más allá de esto, Estética de la lluvia es un excelente libro que se hunde en sus posibilidades y no abusa de ellas en la construcción de los poemas, que determina el desarrollo de una obra poética importante en la poesía chilena actual y que nos permite recordar con nostalgia el invierno que se ha ido.

Estética de la lluvia

Raúl Hernández

Libros La Calabaza del Diablo, 2012.

EduardoFarías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

 Notas

 (1) Recordemos que, desde un punto de vista editorial, los elementos que permiten la lectura deberían pasar inadvertidos para el lector. Si esto no ocurre estamos frente a un ruido en la edición.

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5 pensamientos en “El hermoso juego del dolor: Estética de la lluvia, de Raúl Hernández

  1. Raúl dice:

    Hola Poesía y Crítica: He leído con atención el texto de Eduardo y valoro la dedicación a la lectura del libro. De igual modo, y sin ánimo de desmerecer, siento que peca de subjetiva. No me refiero a la opinión personal o sensibilidad del texto, sino que a “datos duros” o aseveraciones que se entregan que están erradas, que no son parte de la raíz del poema. Por ej: En “Rasguños” no es una representación del dolor en el amor, sino que solamente es la desgracia de un peatón. En “Huérfanos” la persona que vuelve al barrio no es a una mujer ausente, es un tío, un hermano mayor. Y en “Bandejones” no es una orden a una mujer, es a un “cabro chico” que anda peluseando en la calle. No sé si se puede hacer crítica a la crítica, pero lo dejo como aporte al texto que también tomo como un aporte. Saludos Eduardo y “Poesía y Crítica”.

    • Eduardo Farías A. dice:

      Estimado Raúl, aprecio mucho las aclaraciones. Pero creo que mis aseveraciones no pecan de subjetividad, por el contrario, como crítico me baso en lo que dice el texto y no en sobreinterpretaciones.
      Por lo mismo, en el poema “Huérfanos” no aparece en ningún momento la palabra tío, por lo tanto, como lector no puedo interpretar aquello pues en el poema en cuestión no aparece la alusión. Lo mismo sucede en el poema “Bandejones”, la alusión a un cabro chico no aparece, por lo tanto, no puedo inferir eso para una crítica. En el poema “Rasguños” tampoco se puede interpretar directamente que se trata de un peatón, pues la alusión a su figura no se encuentra.

      Estarás de acuerdo conmigo Raúl en que el lector, y el crítico, no puede contar con las interpretaciones del autor al leer su obra y no es la gracia del asunto. Entonces el lector interpreta a partir de lo que tiene ante sus ojos y si interpreta desde lo que dice el texto, este lo lleva hacia ciertos lugares y no a otros.

  2. Dasein dice:

    PoesíayCrítica:

    Me alegro mucho de que este espacio continúe vigente, también aprecio la labor que han llevado a cabo durante todos estos meses. Sin embargo, esta crítica me pareció un poco floja, superficial y poco rigurosa. Raúl tiene razón, pareciera ser que en el texto de Eduardo se hacen aseveraciones desafortunadas, por ejemplo, cuando se dice que el hablante se dirige a una mujer ausente y, en realidad, el verso ni siquiera lo define…Bueno, espero leer el próximo trabajo. Qué bacán que el autor haya respondido a la crítica. Un abrazo.

  3. Amalia dice:

    Chicos de PoesíayCrítica:

    Acerca de la crítica que acaban de realizar acerca del libro “Estética de la Lluvia” (y no “La” Estética de la Lluvia), quisiera comentar que me parece bastante superficial, plana y repetitiva. Pude leer el libro y me parece que plantea elementos cotidianos y esenciales, que van más allá de la temática del desamor y la ausencia de un otro, abusados aspectos que ustedes consideran repetitivamente en la crítica, para lo cual citan insistentemente extractos de poemas que a mi modo de ver, al leerlos completamente, generan otras lecturas e interpretaciones.

    Además, en algún momento esperaba que trataran el tema de la lluvia, como elemento que puede provocar un estado de ánimo distinto en la lectura; sin embargo, ni la mencionan ni la trabajan.

    A mi modo de ver, simplemente, quedan en deuda con este libro.

    • Eduardo Farías A. dice:

      Estimada Amalia

      Me alegra que exista una persona que haya leído atentamente esta crítica. Y que te hayas dado cuenta del error intencional en la edición al usar el artículo “la” en el nombre del poemario, hecho demuestra tu perspicacia y que queríamos comprobar.

      Como crítico no tengo por qué defender mi crítica, o quizás sí. Tu comentario me está haciendo pensar en ello. Pero realmente quiero decirte otra cosa.

      Tienes mucha razón que la lluvia “provoca un estado de ánimo distinto en la lectura”. No trabajé dicho elemento, pues la crítica, más aún cuando se publica digitalmente, no puede ser totalizadora, no puede intentar abacar todas las posibles interpretaciones que involucra un poemario. Tuve que elegir una opción de lectura entre las muchas que el libro de Raúl ofrece. Por lo mismo, no ahondé en el poema Estética de la lluvia donde se habla de la pintura y donde aparece la alusión al pintor de Estética de la lluvia, aspecto que quiebra la vinculación entre autor y poema.

      El hecho de que no haya ahondado en la lluvia y en la pintura permite que otros críticos tomen esos elementos u otros y encuentren sus propias conclusiones. Sobre este libro hay mucho que escribir, pero eso no puede ser realizado por una sola persona ni menos en un solo texto.

      Muchas gracias por tu comentario, sin él no hubiese dicho lo que ya dije.

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