El simulacro de Brigitte Bardot: Materiales ligeros, de Mario Borel

por Bárbara Cáceres Ch.*

Cuando uno lee el título Materiales ligeros y toma el libro, algo calza. La idea de la portada es muy original: su sobrecubierta desplegable como cuadríptico, con calados en cada una de sus partes, lo vuelven un objeto muy liviano. Este libro fue co-editado entre los talleres de Balmaceda Arte Joven y Editorial Conejo, editorial experimental que ve en el libro un objeto al cual sacarle partido (1).

El texto poético de Mario Borel está muy ligado a la imagen visual, por eso, como la misma editorial menciona: “nos parecía interesante para ser llevado a otra categoría de creación, en donde la imagen también fuese lenguaje y no solo herramienta de texto” (p.105).

Este cuadríptico puede ser entendido como una lectura de la obra de Borel desde su lugar de origen; Valparaíso. Las imágenes y símbolos utilizados son mucho más cercanos al imaginario del puerto —incluso a la vida misma del autor— que al espacio simbólico que este recrea en su escritura.

Portada de Constanza Cox.

Como lectora, preferí sacar la sobrecubierta-objeto-arte para poder abrirlo más cómodamente. El formato de libro que queda es exquisito, de 12×17 centímetros con una portada suave y negra donde solo se lee en blanco Materiales ligeros.

Los diez primeros poemas se titulan “Brigitte Bardot”. Pareciera que a través de esta actriz, modelo y sobre todo símbolo sexual, el autor pasa de una apología de los maquillajes, los espejos, las luces y las drogas a la exposición sin recelo del simulacro. No es lo mismo la copia que el simulacro, porque el primero trata de imitar un referente escondiendo su realidad, mientras que el simulacro se sabe falso y es precisamente ese engaño el que simula con barbarie. La primera vez que el sujeto poético se nombra a sí mismo lo hace en femenino. Pero con la lectura uno entiende que la que habla no es una mujer, sino el disfraz de una: el travesti.

El libro está versado como un testimonio donde el autor se expone víctima de los íconos televisivos y de los colores. En ambas partes del relato —de la apología y la decadencia— se presenta un juicio que subyace. En la primera, la voz de la madre como imagen de las tentaciones femeninas para el hijo, dice que el “maquillaje no se unta/ se tatúa” (p.43). El imaginario que rodea los versos es la cultura pop estadounidense e inglesa, con nombres como Andy Warhol, Twiggy, The Who, Jacky Curtis y David Bowie, todos símbolos y representantes de un look andrógino, repleto de maquillaje y lentejuelas. En ese sentido, el simulacro funciona al igual que el espejo: por rebote de la imagen y de las luces, de vidas que se muestran sin prejuicios como superficies.

Antes de pasar a la segunda etapa, el autor propone cinco poemas que titula “Ajuste” (pp.49-57), donde las palabras protagónicas son colores, como si lo que se ajustara fuera la cámara antes de filmar. Esto no resulta extraño, sobre todo cuando a continuación aparecen los biopic que es un género específico del cine: la película biográfica. Son siete biopic en total, donde cuatro de estos se presentan como víctimas (“Biopic Dos, víctima de Biopic Uno” p.61). En estas biografías las luces se apagan y el maquillaje queda corrido porque el autor se delata: “Quizás haya sido el material ligero/ de unos cuantos trajecitos que simulan la noche” (p.67); “y las cámaras confirmaban/ que la realidad era technicolor/ como una foto repetida y distorsionada/ con cinco colores” (p.71). Aquí la sentencia, donde el simulacro es asumido como tal pareciera ser el verso donde el autor reconoce que “Christian Dior no se apiadó de mí” (p.65).

El último poema de Materiales ligeros se llama “Para matar a Brigitte Bardot”. Quien aparece aquí como personaje triunfante es Hamlet, por su relación con la ropa y el disfraz, como una fisura frente a la desnudez, que Borel relaciona con los  maniquíes asexuados. Una nueva página negra aparece después de este cierre de cortinas, que vuelve a reivindicar la esencia del simulacro con Hamlet y el mundo como teatro, y dentro de este negro lo que se lee en blanco es “Una vez muerta Brigitte Bardot” (p.87).

A pesar de que a continuación se encuentra el contexto cotidiano del autor, ese título en blanco nos lleva directamente al epígrafe dedicatorio “para el asesino del Hotel Chelsea”, porque tal como sabemos que Brigitte Bardot sigue viva y que en ese hotel la única muerte fue la de Nancy Spungen —esposa de Sid Vicious— y aunque se especule con un posible asesinato, sabemos que la causa fue una sobredosis. Entonces Brigitte Bardot se transforma en la personificación del libro entero, y el Hotel Chelsea, lugar icónico de todos los personajes nombrados, el lugar donde esa personificación tiene que morir: las máscaras deben ir juntas a su propia masacre.

Mario Borel

Materiales ligeros

Balmaceda Arte Joven, Editorial Conejo, 2011

Bárbara Cáceres Chomalí (Santiago, 1983) es Licenciada en Estética por la Pontificia Universidad Católica de Chile y ha realizado estudios de artes visuales (Universidad Arcis), de arquitectura (PUC) y el Diplomado en Edición y Publicaciones, PUC.

Notas

(1) Para este libro, los artistas visuales Carolina Silva, Constanza Cox y Felipe Santander hicieron su versión de la portada, las que estuvieron por un tiempo expuestas en Balmaceda 1215 desde el día del lanzamiento del libro. En esta crítica se utilizó la versión de Constanza Cox.

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Un pensamiento en “El simulacro de Brigitte Bardot: Materiales ligeros, de Mario Borel

  1. CarlaB.*** dice:

    Para mi, una obra postmodernista de tomo y lomo.***

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