El habla de la honestidad. Sala de espera, de Jorge Polanco Salinas.

Por Francisco Martinovich S. *

En sus 58 páginas, Sala de espera (Alquimia Ediciones, Colección Ensayos con la ceniza 2011), el quinto libro de poesía de Jorge Polanco Salinas (Valparaíso, 1977) ofrece a sus lectores una poesía en la que despliega una geografía verbal muy particular, sobre la que se cierne una palabra honesta que compone gran parte de los poemas que articulan el libro.

Sobre la edición

El trabajo de Alquimia para este libro genera distintas apreciaciones. En términos de tamaño, edición, diagramación, tamaño de letra y diseño su labor es muy destacable. Un detalle de gran sutileza también corresponde a la presencia de un separador de páginas (que un lector entusiasta siempre agradecerá) diseñado en la misma estética de la portada que, a pesar del bello trabajo de arte que la adorna (en que conviven el desierto, el esbozo de un sujeto que deambula en él, y la simbología de lo urbano), contrasta con la línea estética de la poesía de Polanco Salinas.

A pesar de esto, y luego de la lectura, algo parece hacer falta. Lo que en muchos libros parece irrelevante, en este volumen en particular se hace muy necesario: un índice. La razón principal es que, la presentación de los poemas de Sala de espera alterna textos con y sin título, los que muchas veces se traspapelan y trastocan, pudiendo confundir a un lector desatento o prestarse para ambigüedades en la lectura.

Otro detalle poco favorable corresponde al texto de contraportada, en el cual el autor se dedica a pontificar su visión poética, tipificando su rol de escritor y su propia definición del trabajo poético, luego de afirmar que las certezas respecto a la poesía son escasas.

Sobre la obra

Espacios de transición

Es posible entrar a la poesía de Sala de espera desde distintos puntos de vista. Estos aspectos se presentan de manera evidente hasta en el primer y más inocente encuentro con el texto.  Como su título predica, los poemas del libro confinan al lector a un espacio determinado, en el cual se desarrollan múltiples universos simbólicos y poéticos. En gran parte de los textos la espera se construye como un elemento fundamental. Se vive en un constante estado de alerta: algo se acerca, está claro, y ese algo es un final inminente. La muerte aparece entonces como el horizonte venidero más concreto, y se expresa en diversos niveles, es decir, muere el sujeto, el hombre que vive día a día y que yace en una cama de hospital, desahuciado:  “Allí ves a tu viejo;/ sentado en su casa,/ enciende la radio, toma el pulso a la noche,/ hay una voz en la habitación,/ la voz tiembla, brilla y oscurece,/ luego se interrumpe,/ una luz gris se ha apagado./ Veinticinco de diciembre. Ha muerto” (“Sala de espera” p. 11-12).

Pero al mismo tiempo mueren la palabra, la poesía, la ciudad que se construye y se habita en la memoria y en la rutina, donde se vive el trauma: “Gritos despavoridos de los vecinos/ ignorantes de un Valparaíso/ incendiándose/ eternamente/ con reflectores apuntando/ a la arquitectura de la pobreza.” (“Afro blue” p.31). Las cicatrices que fragmentan al sujeto y el espacio en Sala de espera, se representan a partir de distintas formas de muerte: de la experiencia individual se alterna a la experiencia colectiva de la muerte y del despojo generado por la dictadura, en una expresión que revisita mucho del arte de la década de los 80´s, verbalizando una carencia que se compensa a través del exceso de imágenes y estímulos, un espacio caótico que se complementa con la presencia constante de la música, la banda sonora de una sinfonía mortuoria: “De fondo siempre se escucha John Lennon,/ la música ambiental de la abulia/ y la derrota, la inevitable mercancía” (“Música incidental” p. 37).

Escritura polifónica.

La multiplicidad de estímulos que sobrecarga las páginas de Sala de espera tiene una aparente razón de ser que, sin embargo, no logra plasmarse de manera explícita en los poemas. He aquí el principal problema en la escritura de Sala de espera. La presencia de espacios, elementos, sujetos, construcciones verbales aparece como un intento de escritura polifónica, en el cual dos voces se identifican a partir de su grafía y alineación en la página, y donde la voz poética sigue siendo el instrumento preponderante.

Lamentablemente, esta intención no llega más lejos en el desarrollo del libro. Los textos alineados a la izquierda de la página no logran trabajar en un registro común. Así mismo, los textos en cursiva, en renglón aparte, proveen al libro de una voz alterna, simultánea, que no consigue cuajar dentro del desarrollo global del libro (lamentablemente la  propuesta explícitamente dialógica que alcanza su cumbre en “Ferrocarril Belgrano”, último poema en este volumen, no prospera en otros textos). Muchas veces la otra voz que cae incluso en versos que reducen su profundidad a la de una frase célebre, en otros vuelos reflexiona profundamente, saliéndose de la angustia del sujeto por definirse a sí mismo.

El largo aliento de cada poema, la multiplicidad de imágenes dispuestas sobre el papel, la particular “banda sonora” de cada instante poético, hacen que, de la lectura total del libro, el lector consiga guardar un pequeño universo de imágenes, perdiendo muchas de ellas en el olvido al que se someten los versos menos logrados. Se entiende que esta sobrecarga de elementos es una toma de posición consciente, y por lo mismo, será apropiado afirmar que, pese a las diversas perspectivas respecto al trabajo poético de Jorge Polanco Salinas en esta obra, realiza una poesía fiel a sí misma, honesta en cuanto a sus métodos y representativa de los distintos rasgos que dan origen a su expresión. Es una expresión poética de escenas vitales: “guijarros de experiencia”, instantáneas descritas profusamente, escenas que conforman universos poéticos que poema a poema construyen este libro.

Jorge Polanco

Sala de espera

Alquimia Ediciones, 2011

*Francisco Martinovich Salas es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente concluye sus estudios de Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa a la espera de la edición de Sospecha de nada, su primer poemario. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

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9 pensamientos en “El habla de la honestidad. Sala de espera, de Jorge Polanco Salinas.

  1. Jorge dice:

    Interesante la crítica del Sr. Martinovich, sobre todo en esa lectura de la polifonía del texto. Sin embargo, no concuerdo para nada con la defensa de una honestidad en cualquier obra literaria (de menor o mayor vuelo). ¿A qué se refiere la honestidad? Creo que ninguna obra se puede sostener en el simple valor de la honestidad puesto que toda obra ES fiel a sí misma (incluso cuando quiere sabotearse), es fiel y honesta con una estética (es parte de la coherencia de cualquier obra, si no fuera así, la rechazaríamos de una, no la podríamos leer). Entonces, ¿por qué deberíamos considerar que esta obra presenta un “mejor” o “mayor” nivel de honestidad que las otras? Ahora ¿cómo puede ser una obra honesta con respecto a la realidad que representa? Eso no es honestidad, es verosimilitud (que es pura ficción).
    Yo leí el libro y concuerdo con que hay cosas muy logradas y otras que se quedan en verosimilitudes fallidas. En general, me parece un buen libro.

    Saludos y felicidades por el sitio.

    • Francisco Martinovich dice:

      Quizás un término más apropiado sería coherencia en la propuesta. Es probable que este término abarque de manera más completa lo que traté de exponer. Y lamento que se haya entendido como una defensa de la honestidad en toda obra literaria, pero si puedo afirmar desde mi punto de vista que no toda obra es fiel a si misma, aunque todas puedan buscar serlo. No juzgo que tenga que ser honesta respecto a la realidad que representa (no creo haberlo dicho por lo menos) sino a la que construye y define. Tampoco creo que debamos juzgar todas las obras como más o menos honestas, simplemente quise apuntar a un elemento que me pareció digno de destacar entre los versos del libro (más aun considerando los textos que definen explícitamente una poética en la contraportada y el separador de páginas, lo que condiciona en gran medida la lectura).
      Muchas gracias por el comentario.

  2. Anónimo dice:

    Interesante detalle el del índice y el de la coherencia de la escritura. Cuando te planteas utilizar una metodología para transmitir el mensaje de tu texto, la coherencia contenido-forma es determinante, pues así lo transformas en un aliado y catalizador del logro de la fruición y experiencia del texto, y no un estorbo sólo puesto como guinda.

  3. Anónimo dice:

    Alvaro Besoain S

  4. Felipe dice:

    Interesante el texto, comparte la lectura de un buen libro, aunque discrepo del tono categórico de la crítica, que bien podría usarse en una conversación informal, pero difícilmente se sostiene en un medio que aspira a analizar el objeto libro, el contenido literario, así como la coherencia entre ambos. Me explico: expresiones como: “se cierne una palabra honesta”, “su labor es muy destacable”, “el autor se dedica a pontificar su visión poética”, “He aquí el principal problema”, “no logra plasmarse”, “esta intención no llega más lejos”, “realiza una poesía fiel a sí misma”. Todas ellas frases categóricas que hacen imaginar un crítico “potificador”, de aquellos que creíamos extintos, pues se esperaría que si esas son las opiniones del señor Martinovich, su argumentación fuera tal que el lector se diera cuenta por si mismo, sin que le estén señalando que pensar, o repetir. Sobretodo su alusión a “pontificar su visión poética” con respecto al texto de contraportada, es rara (¿será porque se ha licenciado en la Pontificia?), pues se trata más bien de un arte poética, que justamente pretende liberar de certezas al lenguaje poético, y claro, quizás de aquello mismo nazca la reacción, certidumbre crítica Vs incertidumbre poética. Se agradece la posibilidad de opinión, saludos y mucha suerte con la página.

    • Francisco Martinovich dice:

      Lo que menos busqué en esta crítica fue cerrar la lectura a una sola posibilidad, al contrario, es la idea que sea un buen preámbulo para estimular al visitante a leer la obra y abrirse un camino de significación propio. No creo tener ninguna autoridad para criticar un libro y que este quede cerrado al lector. Lamento haber sonado “pontificador” para ud, aunque creo que es un adjetivo que no se restringe a la casa de estudios tal. Simplemente presento una mirada sobre el libro que claramente no es definitiva ni mucho menos, necesariamente acertada. Me parece si, que el texto de contraportada, que claramente está escrito en función de ser un ejercicio de “Arte poética”, no logra el objetivo que ud. propone, sino al contrario, genera una serie de certezas que creo, cierran la lectura (eso es lo que destaco negativamente) y a mi parecer, funcionan solo en algunos textos. Para la próxima, cuidaré más mi palabra, así mi adjetivo no mate a nadie. Muchas gracias por el comentario!

      • Felipe dice:

        Claro, el arte poética que citas de Huidobro si que es determinante, cosas de pequeño dios, pero vuelvo a leer el texto de contraportada del libro de Polanco, y no veo donde está la certeza que cierre la lectura, ¿podrías citar el párrafo? a lo más leo metáforas del uso del lenguaje, alusiones a la alquimia, a una constelación, a voces, a imágenes. Me parece que estos juegos de apreciaciones son tierra fértil para la retórica, como si cualquiera pudiera afirmar cualquier cosa, y no pasara nada. ¿Y si fuera así?, que su arte poética, realmente postula una manera cerrada de mirar, ¿no es una de las aspiraciones de un hablante poético?, distinguirse de la mirada de otros, situarse en punto de partida para leer el entorno, ¿cómo sería un hablante que no delimita sus contornos?, o ¿quedaría un autor determinado por siempre por su propia arte poética?, en fin, creo que este formato se vuelve torpe para profundizar más y no es la intención eternizar mi opinión, solamente sugerir que podría ser útil proponer temas a partir de la lectura, visibilizar variantes, en vez de calificar a la vieja usanza. Saludos.

  5. Antonia Perez dice:

    Sr. F. , leí hace poco el libro y te equivocas en la data de la solapa: el autor ha publicado dos libros de poesía (no cinco). Partiendo de ese error, creo que la reseña pierde consistencia. Si bien intenta ser seria, la encuentro escolar (como de un alumno de primer o segundo año de literatura) y un tanto vaga en la lectura. Igualmente se agradece el esfuerzo y la honestidad del crítico. Saludos, A.

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