Apología del abandono: esbozo sobre “cajita americana” de Luz María Astudillo

Por Ximena Figueroa F.*

Todos somos protagonistas de algún abandono.

L.M.A.

 

El primer poemario de Luz María Astudillo, cajita americana (Editorial Cuneta, 2012), hace resplandecer, sobre el papel Bond ahuesado en el que está impreso, veinticuatro apologías del umbral de lo que hoy entendemos como “lo americano”. En ellas, se  intenta sobrepasar la eventualidad del mestizaje para centrarse, con mucho más ahínco, en un encuentro nostálgico con ese grácil pasaje de la historia que fue la raíz.  Lo indígena entonces, es la hendidura con la cual se traza el camino principal de estos versos, es el motor quejumbroso con el cual se echa a andar retrospectivamente la malentendida verticalidad de la historia.

“Esta es la historia de los relámpagos / el aire dictatorial en el que vuela / cuando la lágrima se enciende / y flota espesa entre los campos. […] // Pero yo construyo el inicio de la sangre / sobre el barro, / la voz infinita que la persiste / siendo palabra aún en el silencio.” (Del barro, p.32).

Estos versos funcionan como manifiesto de lo que será el resto de las evocaciones. Resumen la intimidación que constituyó el proceso de la conquista en la imagen del relámpago, del aire dictatorial, de la lágrima encendida. El silencio es un recurso recurrente: retrato significativo de lo que era la voz de lo originario, antes de la posterior violencia que fue la imposición de la “palabra” en el encuentro de los dos mundos.

“Cómo se construye el trazo / de tu boca / a la palabra, / si el vuelo termina en los silencios / que habitan página por medio / esta historia irreparable / destinada a perder algo.” (Palabras, p. 30).

El yo se fractura amparándose en esa pérdida que es la adquisición de la lengua implantada.  El nombre en esta escritura es la analogía de la derrota y el abandono que sigue después de la llegada “de héroes a caballo / venidos de un continente / sin edén ni edad dorada.” (Los héroes pálidos, P.8).

Sin índice ni prólogo que nos contamine el encuentro espontáneo con estos veinticuatro poemas,  de extensión disímil uno a otro (dedicados a P.), este primer trabajo de Luz María Astudillo explora dimensiones distintas de la acostumbrada en la poesía escrita por mujeres, yendo más allá de esa tradición que se empecina en gastarse en testimonios explícitos o experimentales de una fenomenología del cuerpo y el deseo. Se aleja también de aquella – necesaria pero casi profana, de tan insistente – defensa textual de “lo femenino”. Las realidades retratadas en cajita americana son gritos, sí, pero de otro tipo. Contienen un respeto más sutil y amplificado hacia la poesía, la historia y sobre todo hacia la identidad: “en la tierra nos encontraron / y a la tierra pertenecemos, / plegados al ruido del relámpago / bajo los pies. / Antes de ellos éramos solos, / nos habitábamos de aire / en los pulmones”(Pérdidas, p. 7).

El tratamiento de la intimidad está presente aquí, pero es una intimidad subyugada a las eventualidades comunes, a la experiencia de un mismo espacio y un mismo origen, anterior a lo que es actualmente lo latinoamericano.

La manera de contemplar América que tiene la poeta, nos muestra un paisaje interrumpido, que “al norte se adormece”, traduciéndose hoy en el “jardín de atrás” de una “casa vacía” modelada por el abandono. En la intimidad de este hogar en donde reina la conflagración, aparece la infancia cumpliendo un rol trascendental como imaginario de la subyugación, y con ella, la pérdida del padre y el persistente dolor.

“Pola, América no fue el paraíso que esperabas, / América es un niño escarbando en la basura, / es la desazón y la pérdida, / América es el compendio de tizas de colores dibujándote el miedo.” (p.14)

A pesar de ser una crítica hacia la historia tradicional que defiende el sincretismo americano, y en la que se allega más la mirada contra-hegemónica de esta construcción, el lector se encontrará en este poemario con imágenes mucho más atmosféricas que crudas de este proceso. Esto se debe a la predominancia de un registro melancólico – y no rayano en lo iracundo que suele preexistir al hablar de episodios de este tipo – con la que la voz lírica va componiendo esta curiosa retrospección, la cual invoca, incluso, a la historia del presente; la inmigración neoyorkina, la globalización, la tecnocracia, la guerra por las materias primas, el reciente terremoto, etc.

La cajita americana es el espacio agitado y multicolor, el refugio que ampara la identidad antes de ser fragmentada a causa del abandono y “las pérdidas”, que llegaron junto a “los héroes pálidos”. Es el portavoz de los sin voz, de los que cohabitan en el “lado más jodido del mundo”; en el espacio de batalla, de peligro e invasión.

“la cajita americana / escondida / bajo el colchón, / el rumor de todos los pueblos dormidos.” (Cajita Américana, p. 33).

Yendo más allá de la propia historia “personal” de Latinoamérica, esta cajita americana se remite en cada una de sus páginas a la muerte, pero ésta no como fin sino que como un estado constante, que es, en definitivas cuentas, la muerte del origen. Es una queja hacia las demandas de una humanidad en conflicto constante con lo suprasensible, en la cual lo sencillo se ha perdido por causa de las nuevas exigencias que la idea de progreso nos ha obligado a sobreestimar. Intenta delatar a esa humanidad que se avergüenza de actos tan triviales y sinceros como es el llorar y el amar. Frente a este desolado panorama no nos queda más que esta cajita, que protege y guarda entre escombros la raíz: “Mi único origen es una cajita / escondida entre el derrumbe de las paredes.” (Raíz, p. 38).

Ximena Figueroa Flores es profesora de Historia y Ciencias Sociales por la U.A.H.C.; Magíster en  Estética y Estudios Culturales por la Universidad de Paris I, Panthéon-Sorbonne; actualmente prepara un Doctorado en Literatura en la PUCV y en la Universidad de Paris III, Sorbonne-Nouvelle. Tiene publicado parte de su trabajo poético en la revista peruana virtual de Literatura “El hablador”, en la antología de Literatura Latinoamericana “Palabras CarniVoraz” (Guayaquil, 2012) y en diversos medios nacionales de difusión poética. Tiene en preparación un poemario titulado Del tiempo y nuestra muerte.

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Apología del abandono: esbozo sobre “Cajita americana” de Luz María Astudillo por Ximena Figueroa Flores se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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